5 DE FEBRERO 2022 – 02:04 La condena al violador de una mujer wichi casi se pone en juego por la ausencia del término violación en el idioma de la etnia. La víctima describió en su lengua el ultraje, pero la traducción fue solo maltrato.

Cuando algo no existe, no tiene nombre o no tiene palabra que lo nombre. Eso pasa con el abuso sexual y la violación en el lenguaje de la etnia wichi, en el cual, la palabra más cercana a ese concepto atroz es «maltrato». Qué difícil es entonces para una mujer o un varón wichis abusados sexualmente, violados, denunciar que son víctimas de ese delito. Falta la herramienta. Falta la palabra. Porque no es lo mismo ir con un traductor bilinge a la fiscalía o a la comisaría a denunciar «maltrato» que a denunciar «violación». Hay un hueco, un vacío en ese idioma que tiene como raíz un vicio cultural que es tapado históricamente con recurrentes injusticias. En las comunidades, la impunidad tiene el disfraz de una «costumbre cultural» que perpetúa los crímenes racistas en estas prácticas atroces.
Este jueves, los jueces Eduardo Barrionuevo y Pablo Mariño de la Sala III del Tribunal de Impugnación confirmaron la condena de 12 años de prisión efectiva para el abusador de una joven wichi por resultar autor penalmente responsable del delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por el número de partícipes (fueron tres hombres).
Lo que pasó
El hecho se produjo el 1 de agosto de 2018 cuando M.M.P. junto a otros dos hombres a quienes la víctima no pudo identificar, la interceptaron, la trasladaron hasta la banda del puente camino a Morillo que lleva a la localidad de Alto La Sierra. Le vendaron los ojos, taparon su boca, ataron sus manos y la desnudaron, abusándola posteriormente y agrediéndola físicamente, tras lo cual huyeron del lugar. La víctima, de 20 años de edad, totalmente desnuda, se dirigió a su casa y les contó lo ocurrido a sus familiares. El agresor había sido compañero de escuela de la víctima.
La traducción peligrosa
En su declaración, la joven abusada contó que otro compañero de ella, un maestro bilinge, llegó a visitarla tras el hecho y ella le dijo: «¿Sabés que me violó M.?».
Llamado a declarar en la audiencia de debate, el maestro bilinge conocido de la víctima advirtió que «no existe en wichi una palabra que defina a la violación», traduciéndose como maltratar que significa forzar el consentimiento. Afortunadamente los jueces señalaron sobre este punto que la declaración debe valorarse en función de todos los testimonios y pruebas de la causa. «En función de ello, es importante tener en cuenta que la versión que ofrece la víctima se mantiene incólume, sostenida en el tiempo y guarda la debida coherencia en todo su desarrollo, lo que permite establecer la veracidad de su contenido y descartar las supuestas contradicciones a las que alude el defensor, como así también el cuestionamiento que hace de la traducción de los términos que refiere la víctima», señalaron los jueces.
Esta vez la interpretación de los jueces merece un aplauso, pero podría haber sido diferente solo por la ausencia de una palabra en el idioma wichi que permita denunciar y describir un hecho puntual: el abuso sexual. Así de grave.
«El ultraje es como si nada»
Al respecto, El Tribuno dialogó con el profesor wichi Néstor Elio Fernández, autor del diccionario de su lengua, y explicó sobre este hueco en el idioma que «el acto sexual es un tema tabú, incluso en el ámbito del lenguaje, tanto que no hay un término ni una definición exacta de violación o abuso sexual. Culturalmente eso no existe. Por eso cuando yo alerto en las redes sociales sobre menores que son abusadas, incluso con videos, nadie se ocupa del tema porque no existe el abuso desde la mirada cultural, lo toman para broma, cuando en realidad el ultraje realmente existe, pero la mirada cultural es distinta, es como si nada».
El wichi es un idioma que pertenece a la familia lingüística mataguaya junto con el chorote, el maká y el nivacle. Históricamente fue un idioma oral sin escritura; recién en 1998 se comenzó a escribir mediante convenciones con 14 consonantes del alfabeto español y 6 vocales. Claro, las vocales son 5, pero en la lengua wichi se ha incorporado como sexta la a con diéresis.
Agregó: «Afortunadamente las nuevas generaciones van incorporando el concepto del abuso sexual, pero lo que prima hoy en las comunidades es el tabú sobre el tema sexual, de eso no se habla, lo hacen y listo. Por eso el hecho aberrante es tan dificil de definir, hay generaciones que nunca entenderán ese concepto de abuso sexual, de violación, no es algo que se considere culturalmente porque el sexo con otra persona, o el dormir con alguien, como se dice, es algo que se hace y punto, no se considera si es con violencia o sin violencia, no hay esa sensibilidad cultural o social, al menos desde la generalidad».
Pero remarcó: «Todo funciona así, en la impunidad, hasta que una mujer se siente ultrajada y lo denuncia, ahí se abre paso la ley y se hace justicia, como en este caso que se plantea ahora».
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