27/09/2022

El Cronista San Martín

Prof. Salvador Mazza – Salta – Republica Argentina. Portal de noticias Nacionales, Provinciales y Regionales.

La crisis educativa golpea en el empleo y la producción

En estos días, el presidente de Toyota Argentina, Daniel Herrero, informó que en la zona donde se encuentra la fábrica, Zárate, no logran conseguir 200 operarios con el secundario completo, interesados en ocupar un puesto con 150 mil pesos de sueldo. Muchos empresarios ratificaron el fenómeno en el resto del país.

En un país donde casi la mitad de la población depende del Estado para vivir, con cinco millones de indigentes y más de 19 millones de pobres, el dato es doblemente alarmante: muestra que el enorme desempleo es el reflejo de una crisis estructural y que el sistema educativo no está dando las respuestas que requiere la época.

Según datos oficiales, el 17,3% de la población ocupada no terminó el secundario, el 11,8% tiene únicamente educación primaria, el 2,5% abandonó la primaria y un 0,3% no tiene ninguna clase de instrucción. A su vez el 50% de los chicos no termina el secundario.

De aquí se deduce que, de cada 5 alumnos que abandonan el sistema educativo, hay 2 que quedan también al margen del empleo.

Un estudio de Argentinos por la Educación revela que entre 2013 y 2018, en Zárate, entre los alumnos del tercio de hogares con menores ingresos, de 223 ingresantes solo egresaron 72 alumnos: una deserción del 67, 7%. En la localidad donde funciona la empresa, los varones del tercio de menores ingresos son, escasamente, un 2% del total.

Es evidente que a las chicas egresadas y a los varones de ingresos medios o altos un trabajo industrial con turnos rotativos no resulta atractivo.

Estamos ante otro síntoma de que el avance de la Cuarta Revolución Industrial posterga cada vez más a la Argentina. Ocurre por varias causas, entre otras, porque la escuela no retiene a los alumnos y las horas de clase anuales son menos de las que hacen falta, además de la migración constante de estudiantes de la educación de gestión pública hacia la privada y porque los niveles de conocimiento matemático y de comprensión de la lectura son muy bajos entre los alumnos argentinos.

Falta una planificación estratégica del Estado para desarrollar un plan educativo orientado al trabajo y la producción.

La distribución de casi cinco millones de computadoras entre el 44% de los estudiantes de las escuelas públicas en el plan Conectar Igualdad fue una inversión muy importante, pero nunca fue evaluada y no se sabe si reportó algún beneficio educativo. La experiencia de la pandemia, de hecho, demostró que el sistema no estaba preparado para la educación digital, que muchos chicos recurrieron a los celulares y que no se había resuelto un problema previo, que es el acceso a internet.

Sin planificación y evaluación, no hay educación.

A pesar del histórico liderazgo argentino en materia educativa, la «cuarta revolución industrial» nos encuentra con un sistema educativo cada vez más degradado y fracturado

No es solo Toyota. Según la empresa de recursos humanos ManpowerGroup, el 72% de las empresas tiene dificultades para conseguir personal para las áreas de operaciones y logística, tecnología de la información y data, manufactura y producción, administración y asistentes de oficina, y ventas y marketing.

La industria del software emplea a 115.000 trabajadores y, a pesar de la demanda de empleo, quedan sin cubrir entre 5.000 y 10.000 puestos.

Hoy, los jóvenes que terminan el secundario y están preparados para trabajar, prefieren migrar. Muchos empresarios observan que los alumnos, en muchos casos, hacen cálculos de supervivencia a partir de la oferta de planes sociales que les brinda el Estado.

Sin educación, no hay futuro. Hacen falta más escuelas técnicas y más tecnología en las escuelas. Es necesario recuperar a la escuela. Como lo hizo Domingo Faustino Sarmiento hace 153 años, hay que medir el deterioro educativo que causa la cuarentena (un ciclo lectivo, por lo menos) y decidir si queremos preparar a la sociedad argentina para el vértigo de los cambios tecnológicos o si nos resignaremos a ver cómo se profundiza la brecha social y cómo, imperceptiblemente, nos seguimos sumergiendo como sociedad en la exclusión y la violencia social.

FUENTE (El Tribuno)